martes, 21 de enero de 2014

Oscuridad o luz

Últimamente me siento un poco pérdida y molesta con lo que sucede a  mi alrededor. No llego a comprender porque las cosas cambian tan deprisa ni cuál es el factor que hace que todo ocurra tan bruscamente. Muchas veces tengo la sensación de estar en el ojo del huracán y veo pasar los acontecimientos, las personas, las cosas alrededor de mí si ningún orden aparente.

La gente avanza y yo me quedo atrás. Corro para alcanzarles pero mis piernas no corren lo suficiente. Cuando estoy a punto de alcanzarles me canso y debo descansar para no desfallecer y les pierdo la pista.

Bajo por un precipicio con cuidado, buscando salientes seguros para seguir  descendiendo. Voy con cuidado pues las alturas me provocan pavor y siento que mi cuerpo se siente atraído hacia el suelo, hacia el fondo. No me puedo permitir caer. Elijo un camino que parece seguro y hay bastantes salientes por los que seguir, hasta que llego más o menos a la mitad y veo que he elegido el camino equivocado. Los salientes se terminan y a mi derecha veo el camino correcto, lleno de relieves con forma de escalera que no supone peligro alguno bajar por ellos.

Voy caminando por la calle y me encuentro a mis amigas, charlamos y nos lo pasamos bien pero llegado un momento me tengo que ir a hacer algo y les prometo que volveré. Me marcho y al volver no hay nadie. La gente ha desaparecido y estoy sola en medio de la calle.

Son sueños pero inquietantes. Ese tipo de sueños me alertan de que algo no va bien en mi vida. Me vuelvo a sentir atrapada y sin rumbo. Perdida en mi propia vida. He dejado de tener las riendas de mi futuro y me dejo llevar, pero ¿por qué o por quién? Ese es un misterio. Mis piernas caminan sin rumbo fijo y muchas veces dando vueltas. Dando vueltas a lo mismo, una y otra vez, sin parar hasta que me mareo y me detengo. Estoy tan mareada y desorientada que no sé porque camino seguir. Avanzo con cuidado haciendo eses o zetas no estoy muy segura. El miedo y la inseguridad me atrapan y me llevan a otra dimensión más oscura.


Esta dimensión todo es lo que no es y lo que parece que no es lo es. Confuso ¿verdad? Mitad oscuridad y mitad luz. En la oscuridad no consigo ver nada puesto que no hay una mísera luz y en el lado de la luz no consigo ver nada puesto que esta me deslumbra. Camino en borde de ambas realidades mirando al suelo. No tengo ni una linterna ni gafas de sol. ¿Dónde las puedo conseguir? Sigo avanzando despacio. Algo me tira hacia la luz. Intento taparme los ojos a modo de visera para ver qué o quién es. No consigo ver nada. No estoy muy segura de si debo dejarme llevar por ese ser que me tira hacia la luz cegadora. No. Mejor me quedo donde estoy. Sigo avanzando con más atención hasta que noto que otro ser me tira de nuevo, pero esta vez hacia la oscuridad. Tengo miedo a la oscuridad por lo que me resisto con todo mi ser y comienzo a correr hacia delante. Corro con todas mis fuerzas hasta que me doy cuenta de que el camino de ambos lados se vuelve cada vez más difuso y llegado a un punto no tengo más remedio que elegir. ¿Qué lado he de elegir, la oscuridad más terrorífica que he visto nunca o la luz deslumbrante la cual me podría dejar ciega?

miércoles, 15 de enero de 2014

La misma historia de siempre


Se sentía exhausta, los acontecimientos de los últimos días habían hecho que se sintiera física y emocionalmente cansada. Agotada. La cabeza le daba vueltas y su estómago se negaba a digerir alimento alguno. La historia se volvía a repetir y no se sentía con fuerzas para afrontarla de nuevo. Intentaba distraerse para no pensar demasiado en ello pero en la soledad de su habitación las lágrimas corrían pos sus mejillas sin poder controlarlo. Intentaba hablar con gente para no sentirse tan sola y así conseguir animarse un poco. Entre lágrima y lágrima aparecía un amago de sonrisa ante los intentos de sus amigos de animarla pero no era suficiente.

Incertidumbre, esperanza, desesperanza, pensamientos positivos y negativos, dolor, ilusión, fuerza y debilidad, frustración,… sus emociones eran una montaña rusa. En su interior la oscuridad luchaba contra la luz y los recuerdos con los nuevos proyectos. Su mente le decía que olvidara y su corazón que esperara. Su sonrisa daba esperanza y las lágrimas la borraban. La única solución para todo ello era dormir. Durmiendo no sentiría nada pero aun en sueños lloraba.

Lloraba por ella misma, el dolor era soportable pero la principal razón de sus lágrimas era su propia persona. La gente que la conocía decía que era una persona maravillosa, buena y una gran persona pero eso no la reconfortaba. Ella sentía que siempre daba lo mejor de ella a la gente y se esforzaba al máximo en las relaciones, ya fuera de amistad o de pareja, y no se sentía correspondida. Se sentía vulnerable y un peón en su propio cuento.

La lectura era su único consuelo, la abstraía de su desdicha y la sumergía en un mundo ideal. Un mundo en el que todo es posible y las historias acaban siempre bien y siempre había esperanza. Donde la verdad prevalecía y los malos acababan siendo castigados. Donde el amor vencía todos los obstáculos.  

lunes, 6 de enero de 2014

Es nuestro momento

Me da rabia pensar que a mis 21 años me estoy comportando como una persona de 30. He dejado de disfrutar de lo que de verdad me gusta, he dejado que se apague mi espíritu juvenil y me he vuelto una persona demasiado responsable en todos los ámbitos. No digo que ahora tenga que desmelenarme y no ser responsable sino que estaría bien hacer más locuras, divertirme de verdad, dejarme llevar más por mis impulsos. Creo que me he vuelto una persona aburrida y eso no puedo permitirlo. Me he dejado llevar demasiado tiempo por una actitud “abuelil” que me rodea de hace algún tiempo. Si es que me he dado cuenta que mi madre tiene más espíritu festivo que mis amistades.

Creo que es ahora el momento en el que los jóvenes tenemos que vivir la vida, salir por ahí, divertirnos, salir de fiesta, hacer locuras, experimentar, reírnos de la vida y disfrutar de lo que nos ofrece este mundo. Ya habrá tiempo de asentar la cabeza y volvernos en cierto modo "aburridos", anclados en la rutina de la vida.


A lo mejor es que a mí me gusta demasiado la fiesta pero echo de menos salir con mis amigas como lo hacíamos un par de años, ir al puerto a litrar porque no había dinero para ir de copas. Aunque en invierno pasáramos un poco de frio, recuerdo esos momentos como divertidos, hablábamos de todo un poco, nos reíamos, jugábamos a juegos,… no sé, a mí me gustaba el ambiente que teníamos. Después íbamos por lo viejo un rato a los bares y acabamos en la discoteca dándolo todo. Echo de menos volver medio muerta de sueño a casa a las 8 de la mañana y ver amanecer.

Sí la verdad es que eran buenos tiempos. Estaría bien repetirlo de vez en cuando, tampoco me gustaría volverlo en rutina pero una vez al mes sí que me gustaría hacerlo. Darlo todo en las tarimas y reírnos a más no poder. Levantarnos al día siguiente con agujetas de todo lo que bailamos y recordar  las formas de cómo nos librábamos de los moscones…

Los que estáis leyendo esto y, sobre todo, amigas mías es nuestro momento de disfrutar de verdad de todas esas cosas y más. Debemos hacer locuras y vivir aventuras para después tener buenos momentos que recordar cuando seamos más mayores. Tenemos la obligación de divertirnos y dejarnos llevar por el ambiente festivo. Experimentar cosas nuevas y ver a donde nos llevan nuestros locos impulsos. 

https://www.youtube.com/watch?v=383F4SefKS4

viernes, 3 de enero de 2014

quien era y en quien me convertido

Meditando sobre las fuentes de mis inseguridades y de esta inestabilidad emocional que me rodea desde hace unos cuantos años he encontrado el punto de inflexión que me hizo cambiar, que me hizo ser la persona insegura, con poca autoestima que soy ahora. Los que me conocen de hace tiempo quizás se hayan dado cuenta de mi cambio, aunque a estas alturas dudo mucho que se acuerden de la Maialen de hace unos 3 años más o menos.

Esa Maialen era una chica fuerte, segura y feliz. Aunque de pequeña fui tímida, sensible y frágil me hice más dura con el tiempo, aprendí a valorarme y a ser espontánea y natural. Recuerdo aquellos años como de los mejores, aunque las cosas no iban tan bien como me habría gustado era feliz a pesar de todo y el muro que había construido a mi alrededor me protegía de aquello que no tenía importancia. Todo iba bien hasta que cierta persona se cruzó en mi camino y hecho por tierra todos esos años de trabajo construyendo esa gran muralla.

Llego como un terremoto en un principio haciendo temblar los cimientos, después como una gran tormenta torrencial fue entrando por las ranuras y grietas que había dejado ese terremoto. Después llego una pequeña glaciación, el agua de las grietas dilató y el muro se vino abajo. Fue algo parecido la caja de pandora. Ese muro albergaba en su interior muchos sentimientos reprimidos y me dejo vulnerable ante los nuevos ataques. 

Desde entonces no he sido la misma. Aunque he intentado construir un nuevo muro nunca ha sido tan sólido y grueso como aquel, como el gran muro. Los posteriores han sido murallas construidas encima del barro y como todos sabemos eso no dura ni un telediario.

La verdad es que odio en la persona en la que me he convertido. Odio ser tan sensible, tan “dañable”. Me he vuelto miedosa, insegura, frágil emocionalmente, desconfiada, mal pensada, dependiente,… la sonrisa que tenía entonces no ha vuelto a mi rostro. Aunque intento ser positiva y secar el terreno para construir poco a poco unos nuevos cimientos más sólidos y seguros no soy capaz. Me siento cansada y sin energías. Me he rendido. Es triste pero es así. Algo que nunca debí hacer y hace bastante tiempo que me rendí.

No he dejado de construir frágiles muros a mí alrededor, son muros de adobe pues ¿para que molestarme en poner un buen muro de piedra si en el próximo vendaval me lo va a derrumbar? Hay momentos en los que me siento positiva y creo que me voy a comer el mundo pero una pequeña alarma se enciende en mi cerebro y me comunica que un guerrero no debe ir sin armadura ni escudo al campo de batalla.

Sé que debo encontrar dentro de mi esa fuerza y vitalidad para secar el terreno y construir un nuevo muro pero esta vez de hormigón. Pero de momento me tendré que conformar con que sea un muro de yeso. 

lunes, 2 de diciembre de 2013

Blanco amigo



Hacia frio, nevaba con bastante intensidad pero a ella no le importaba, sabía que debía seguir buscando. La niebla poco a poco se iba espesando y no alcanzaba ver mucho a su alrededor. Estaba asustada y se culpaba por lo sucedido. Un sentimiento de angustia  le llenaba el pecho. Debía encontrarlo pero no sabía dónde buscar ni como encontrarlo. 

Abrigada hasta más no poder avanzaba por el bosque muy asustada, no sabía el camino de vuelta y la linterna que llevaba le pesaba cada vez más. La nieve le llegaba hasta la rodilla y le costaba avanzar. A pesar de ir con gruesos ropajes el frio comenzaba a hacerle huella y se sentía cada vez más cansada. 

La desesperación se estaba apoderando de ella por lo que comenzó a llamarlo. Desde el principio había sabido que  no iba a ser fácil encontrarlo ya que por su pelaje era fácil que se camuflara en aquel paisaje tan blanco. A ver que sus llamadas no causaban efecto alguno desesperada se sentó exhausta en la nieve y comenzó a llorar. 

Después de un rato comenzó a oír una llamada muy lejana. Era muy suave y parecía estar lejos pero sin duda era él. Comenzó a llamarlo de nuevo esta vez con esperanza y el sonido fue acercándose poco a poco hasta que al final la niña pudo ver a su amigo. Con gran alegría y alivio cogió a su peludo amigo y lo abrazo con cariño y amor. Ya se sentía más tranquila y aunque no sabía muy bien cómo iba a volver a casa ya había encontrado a su amigo y estaba feliz por ello. Se prometió a su misma que no dejaría que su preciado gato blanco se volviera escapar, que lo trataría mejor y le daría una comida más rica para que la quisiera más.

lunes, 18 de noviembre de 2013

Mirando sin mirar



Frente al ordenador mirando la pantalla pero sin mirarla… perdida en sus pensamientos y en sus sentimientos. Sentimientos confusos. La inquietud es la más evidente, acompañada de una extraña ansiedad. Una reciente conversación le ha hecho recordad parte de su pasado que creía superado y olvidado. Los miedos y dudas que habían aparecido días atrás muy suavemente en el fondo de sus pensamientos, se han apoderado de su mente. 

Miedo. Miedo a la falsa ilusión. Miedo al rechazo. Miedo al dolor. Miedo a que ocurra una vez más lo que tantas veces ha sucedido en su vida. El miedo lleva consigo la desconfianza, ¿pero de qué? De todo. “¿Será verdad lo que dice?, ¿será realmente así o es todo una fachada?, ¿tiene un interés real o es todo mero teatro?, ¿será todo un juego?, ¿Cómo saber sus intenciones?, ¿Cómo estar segura?, ¿dejarse llevar o no?” mil preguntas sin respuesta.

Su mente se llena de muchos recuerdos dolorosos. Hace un repaso completo a su memoria. Se prometió a si misma dejar el pasado atrás y vivir el presente pero las imágenes aparecen sin poder evitarlo en su mente. Sus ojos se nublan. Una ligera capa de lágrimas inunda sus ojos. No lo puede evitar. Su energía vital se apaga poco a poco sin poder evitarlo.

martes, 5 de noviembre de 2013

Una caja, una vida



Un día cualquiera se propone organizar sus recuerdos. Coge esa caja tan especial que tiene guardada al final del armario. Escondida. Nadie sabe de su existencia. Dentro muchos recuerdos y un pasado algo oscuro pero con matices dorados. La mira con detenimiento, en un principio ni si quiera había pensado en tener un “baúl de los recuerdos” todo había empezado sin darse cuenta, guardando pequeñas cosas que no quería tirar y eran especiales. Piensa que aquellas cosas que en un momento eran únicas y guardaban un gran significado sentimental al final quedaban olvidadas junto con otros muchos momentos, recuerdos, sentimientos. 


Tiene miedo de abrirla, no sabe exactamente lo que se va a encontrar dentro. Intenta recordar la última vez que metió algo pero no consigue encontrar ese momento en su mente. Siente algo de temor, misterio, curiosidad. Decide abrirla sin pensárselo más.  Con los ojos cerrados destapa la caja. Poco a poco los abre. Su corazón se encoge al ver el objeto. Un sobre. No necesita abrirlo para saber lo que dice. Esa notificación la leyó tantas veces en su día que aun ahora, se la sabe de memoria. Un recuerdo desagradable, un momento angustioso, la oscuridad más absoluta durante meses. No quiere enfrentarse de nuevo a esa realidad. 

Decide apartar el sobre y mira debajo. Esta vez el pecho se hincha de aire y en sus ojos aparecen unas pequeñas lágrimas, son lágrimas de un recuerdo feliz. Un gran acontecimiento en su vida que por nada del mundo olvidaría. Un recuerdo feliz aún vivo en su vida y del que se siente muy orgullosa. Acaricia el objeto y cerrando los ojos vuelve en su memoria a revivir ese momento tan especial, el inicio de una vida. Sin poder evitarlo un recuerdo se enlaza con otro como cual fuego se propaga en un campo seco y árido. Son recuerdos felices, angustiosos, tiernos, amargos,… repasa ese archivo hasta que llega al presente y abre los ojos emocionada. 

Detrás, una foto con un sentimiento agridulce. Un bonito momento. La fotografía trasmite amor, cariño, felicidad, emoción… añora esos momentos en los que era tan feliz y se sentía tan llena de vitalidad. Se sentía segura y sabía que siempre tendría en quien apoyarse pero la vida a veces no resulta como uno planea y esa seguridad y confort se había desvanecido demasiado temprano. Mira la carta que ha dejado apartada en un rincón y la pena la vuelve a embargar. Aparta la mirada y deja la foto encima del sobre. 

Sigue mirando en el interior y se da cuenta de lo rápido que pasa el tiempo, como la vida pasa ante los ojos de uno como si este fuera un mero espectador. Ha ido sacando las cosas poco a poco y ha repasado los mejores y peores momentos de su vida. Ha recordado momentos que le habría gustado seguir teniéndolos olvidados y ha rememorado momentos olvidados que no tendría que haber dejado marchar de su memoria.

Se levanta algo aturdida tras ese repaso a su vida y se dirige hacia el espejo de la cómoda de su habitación. Mira su reflejo. Se ve cansada, agotada. La vida le ha pasado factura. Las arrugas de su rostro no mienten. Desde hace mucho tiempo su mirada trasmite una pesadumbre enorme. Se trata de los nubarrones de la tristeza que ocultan la gran vitalidad que una vez hizo brillar aquellos preciosos ojos esmeralda.