lunes, 29 de septiembre de 2014

La Rosa

Érase una vez una rosa de belleza sin igual, se encontraba en un precioso jardín rodeado de miles y miles de otras rosas vulgares. Aquella rosa era especial para su dueña, la cuidaba con un mimo sin igual, todos los días comprobaba que todo estuviera en perfecto estado y la trataba con un cariño y amor especial, para ella era la joya de la corona. Esta joya estaba situada en un lugar muy especial, donde la temperatura y la humedad fueran constantes, donde no le daba ni poco ni mucho el sol. Estaba estratégicamente colocada para que diera lo máximo y fuera la mejor de todas y así lo era. Era blanca como la leche, sus pétalos se abrían perfectamente y ninguna sobresalía de más. El olor era dulce pero nada empalagoso y su aroma inundaba aquel lugar tan especial.  Sencillamente era la rosa más bonita y perfecta que existía.

Naturalmente aquella rosa tenía un nombre, la Rosa Nieve. La dueña no dejaba que nadie cuidara de ella, le tenía demasiado cariño y era muy valiosa como para dejarla en otras manos. Además sabía que cualquiera no podía cuidar de ella. Como veía pronto el final de sus días se dispuso a buscar a esa persona tan especial que cuidaría de la Rosa Nieve en su ausencia. Debía ser alguien con el alma pura y sin maldad en su mirada, alguien con buenas intenciones. Sabía que le costaría mucho trabajo encontrar esa persona tan especial, asique se puso manos a la obra.

Pero no le dio tiempo a escoger ya que sintió la llamada de la Muerte antes de tiempo. Rosa Nieve era famosa por su belleza y los mayores coleccionistas querían tenerla y experimentar con ella para sacar alguna rosa igual. Pero no fue así, Rosa Nieve a medida que pasaba de mano en mano iba perdiendo ese color que la hacía tan especial, por lo que a cabo de un tiempo perdió todo su valor y su esencia, ya nadie la quería. No era especial, simplemente una rosa más. Día tras día se iba oscureciendo hasta que al final la Rosa Nieve se convirtió en Rosa Carbón.

Un día un alama pura iba caminando por la calle y se encontró a Rosa Carbón. Le pareció la rosa más bella que había visto jamás, la recogió y se la llevo a su casa. La planto e intento revivirla. Con mucho esfuerzo consiguió que echara raíces de nuevo y recuperara su vitalidad. A medida que iba cuidando y mimando a Rosa Carbón, esta fue recuperándose y curándose de la maldad que había absorbido de esas malas manos que tanto la habían codiciado. Con el tiempo y poco a poco Rosa Carbón fue clareando y recupero su verdadera esencia, volvió a ser Rosa Nieve. Su nuevo dueño supo que esa rosa era especial y la cuido hasta el final de sus días.

lunes, 15 de septiembre de 2014

Breve historia

Erase una vez un mundo que vivía continuamente nublado, el sol apenas hacia el amago de aparecer de vez en cuando. Una mañana las nubes por fin dieron la sensación de que dejarían paso al sol y así fue durante un tiempo, hasta que un buen día las nubes lo volvieron a cubrir para siempre. Fin.

lunes, 23 de junio de 2014

Pequeños placeres de la vida

Vierto el agua en un vaso, lo meto al microondas. Tiempo aproximadamente un minuto y medio, saco el sobrecito y le quito el envoltorio, lo tiro y me apoyo en la encimera a esperar que suene el timbre. Observo a mi alrededor, todo está limpio, ordenado, como siempre. Suena el esperado “ding” y con cuidado saco el vaso con el agua casi hirviendo y meto la bolsita. Tras unos minutos la esencia se ha mezclado con el agua. Le hecho agua fría y ya está listo para tomar. El olor me trasmite paz y tranquilidad. Con el primer sorbo mi cuerpo se relaja y mi mente desconecta. Saboreo ese toque tan suave a menta que contrarresta el amargo del té. Mientras me tomo mi infusión no pienso en nada concreto y dejo que mi mente divague y mirando por la ventana, en ocasiones, sueño despierta. Cuando tengo compañía las charlas sobre la vida llenan mi mente y a veces me tomo un momento para reflexionar sobre lo hablado. Cuando el brebaje termina es hora de volver a las obligaciones.

Este es el momento del día que me dedico a mí, a relajarme y olvidarme de las obligaciones y preocupaciones. Es importante dedicar un rato del día (o un día la semana o lo que sea la cuestión es dedicarse el tiempo) a uno mismo para desconectar y mimarse un poco. Cada cual tiene sus maneras, algunos escuchan música mientras van a casa, otros juegan al ordenador,  leen,… Son estos momentos los que te ayudan a llevar mejor la rutina. Son las pequeñas cosas y placeres de la vida, al fin y al cabo esas pequeñeces son lo que le dan vida a nuestra existencia y nos hace felices. Y yo me pregunto…


¿Hace cuánto que no te tomas ese tiempo para ti? ¿Cuál es tu manera de desconectar de la rutina? ¿Crees que dedicas suficiente tiempo a esos pequeños placeres de la vida?

miércoles, 21 de mayo de 2014

Para mis lectores

Queridos lectores:

Han pasado tres meses desde mi último relato. Lamento mucho no haber escrito nada este tiempo y siento en cierta manera que os he fallado pero sobre todo me fallado a mí misma. Estos meses han sido tiempos un tanto difíciles para mí y la verdad es que no tenía ganas nada, ni si quiera de hacer eso que tanto me gusta y me libera, escribir.

Sé que algunos lectores son regulares y otros ocasionales. A los regulares les pido disculpas por mi desaparición tan drástica y sin motivo aparente. Los ocasionales a lo mejor ni se han dado cuenta de esta falta de regularidad (dentro de la irregularidad con la que publico) pero aun así  me gustaría disculparme. La gente que me rodea me ha estado animando a seguir escribiendo aunque no tuviera ganas o inspiración y la verdad es que no les he hecho mucho caso y cuando escribía algo para sentirme un poco mejor no me parecía lo suficientemente bueno como para hacerlo público. Soy exigente conmigo misma y hasta que no me siento a gusto con lo escrito no me gusta compartirlo.

Ahora que ese episodio un tanto oscuro está pasando me siento de nuevo con ganas de compartir nuevos relatos, reflexiones o pensamientos. Me vuelvo a sentir llena de energía e imaginación para seguir avanzando en este pequeño proyecto. Me esforzaré al máximo para que haya textos de calidad y os hagan sentir o soñar.

Por último, me queda agradecer a todas aquellas personas que siempre me están apoyando y animando a que siga haciendo aquello que tanto me gusta. Espero que os siga gustando el blog y no dudéis en opinar o criticar (siempre de manera constructiva) lo que os parezca.

Muchas gracias por vuestra dedicación y tiempo,

May Lunática

lunes, 17 de febrero de 2014

Bajo la lluvia

Es invierno. Camina despacio por una avenida ancha y oscura. El viento sopla racheado, helado. La música acompaña, demasiado alta quizás. Quiere tapar sus oscuros pensamientos. Intenta tener la mente ocupada e ignorar la llamada desesperada del corazón. Avanza. Lentamente. Reflexionando sobre su camino. Siente la tentación de mirar atrás pero no. El camino esta recorrido. Mirar atrás… un error. No. No quiere cometer más errores.

Sigue caminando. Un grupo de gente en frente. Ralentiza el paso y los mira directamente. Él. Ella. Nosotros. Ellos. Miradas cruzadas y ausentes. Sigue adelante. Más despacio aun. Piensa que incluso una tortuga podría adelantarle. Arrastra los pies. Pobres zapatos.

Reflexiona. Las cosas cambian, demasiado a veces. Lo que antes  gustaba ahora no. Lo que no hacia demasiada gracia ahora gusta. Lo buscado no encontrado y encontrado no buscado. Decisiones, acertadas o no tanto. Felicidad y tristeza. Orgullo y frustración. Caminar y detenerse, pero no demasiado. Paso a paso se hace el camino, dicen. Adelante siempre, avanzar. Al ritmo que marque la mente y el corazón. Uno pesa demasiado. Muchas cargas, recuerdos, cicatrices. No. No es el corazón.

La mente. Extraño ser. Habita en el interior pero muchas veces es desconocida. Traiciona y anima. A veces querida, otras odiada. En ocasiones enferma. Diferente. Incomoda. Chispea. Debe darse prisa. Acelera el paso. Llega a un portal y se resguarda. Cambia de canción, demasiado alegre. Se apoya contra la pared y mira las gotas caer. Una a una mojan la calle. La gente corre. Llueve mucho. Es el momento. Bajo la lluvia torrencial y con una mente solitaria y traicionera se pierde entre las frías y vacías calles de la ciudad. 

lunes, 3 de febrero de 2014

El baile de la muerte

Su único consuelo en la vida era bailar. Bailando se olvidaba de los problemas, de sus inseguridades, de sus sentimientos, de todo. Cuando dejaba de bailar la realidad la atrapaba haciéndola sufrir de una manera insospechada. La soledad, las dudas, la incertidumbre, la inseguridad, el miedo,… la embargaban por completo. No era feliz, tampoco sabía cómo serlo. Lo único que ella conocía, que la llenaba y la hacía sumamente feliz era bailar. Bailar y bailar. Sin parar.

Había tomado la decisión de dedicarse en cuerpo y alma a su pasión, su felicidad. Tenía una meta y era encontrar a la pareja de baile perfecta. Esa persona con la que hubiera una afinidad y compenetración absolutas. Una pareja con quien no tuviera que pensar sino dejarse llevar y disfrutar de la música.

En un principio la búsqueda comenzó como algo esporádico, iba a salones de baile y bailaba con los hombres que se encontraba allí. Había mejores y peores pero ninguno la llenaba. Pensaba que esas personas eran meros aficionados, que no conocían la técnica ni se dejaban llevar, sino que se preocupaban más en socializar. No era lo que ella buscaba.

El siguiente paso fue entrar en una academia de baile, estaba segura de que allí encontraría a su pareja ideal. Aprendió muchas cosas que no sabía y bailó con gente realmente talentosa pero le faltaba algo. Tenían la técnica y disfrutaban pero faltaba esa conexión especial. Poco a poco la paciencia dejaba paso a la ansiedad. Debía encontrar sí o sí a su pareja ideal.

Las personas de su entorno preocupadas le advirtieron de que se estaba excediendo en la búsqueda, incluso osaron insinuarle que estaba algo obsesionada con el tema. Esta situación la tenía cada vez peor. Había entrado en una profunda depresión cuya única salvación la veía en el baile. Sus ganas de desconectar de su cruel realidad eran tan grandes que bailaba a todas horas. Sin parar. Apenas paraba para comer o dormir. En alguna ocasión había bailado hasta que le habían sangrado los pies.

Un buen día, harta de no encontrar a su pareja ideal y tras varios días sin comer ni dormir en condiciones, una idea descabellada le vino a la mente. Organizaría en el parque de la ciudad un concurso de baile y allí estaba segura de que encontraría lo que necesitaba. Lo necesitaba. Necesitaba bailar con su hombre ideal. Con su ideal. El adecuado. El predestinado. Él.

Tras mucho trabajo y quebraderos de cabeza al fin había llegado el día del concurso. Estaba dispuesta a bailar con cada concursante. Estaba ansiosa y deseosa de escapar a su mundo. De desconectar. La música empezaba a sonar y ella a bailar. Pareja tras pareja fue bailando. Sumiéndose en un estado de trance al cual nunca había llegado. Hacia un rato que había cerrado los ojos y disfrutaba del baile pero aun no cien por cien. Esa persona no había aparecido. Bailando y bailando. Pasando de mano en mano, no encontraba lo que buscaba. Desesperada se sumió en un baile peligroso el cual sabía que solo el adecuado podría bailarlo.

Al fin unas manos expertas la habían cogido y le seguía los pasos. Se sentía eufórica. Por fin había conseguido lo que tanto ansiaba encontrar. Tras mucho tiempo de búsqueda al fin supo que se podía dejar llevar y disfrutar solo como esa danza era capaz de hacer sentir. Era una danza especial y muy peligrosa. La conocía pero sin comprender muy bien sus riesgos. Ensimismada como estaba con el baile no se dio cuenta que estaba bailando con la muerte. En su incesante búsqueda de la pareja y el baile perfecto no se percató de que había iniciado un baile eterno. El baile de la muerte. 

viernes, 31 de enero de 2014

¿Sueño o realidad?

Como cada noche Sara se acostó en su enorme cama, fría y vacía. Se sintió sola y confundida. En las últimas semanas habían ocurrido muchas cosas, demasiadas. Teresa se había ofrecido a quedarse con ella pero necesitaba estar sola para pensar y reflexionar. Tras la vuelta de Italia nada había sido lo mismo. Cuando tomó la decisión de quedarse con Manuel y evitar así un desastre familiar no pensó que las cosas cambiarían tanto. Esas últimas semanas aunque la relación entre ellos había progresado y mejorado, no se sentía bien. Patrizzio la ignoraba aun cuando habían quedado en ser buenos amigos y tenía la sospecha de que Manuel estaba detrás de aquella actitud.

Teresa intentaba apoyarla en todo lo que podía pero al no contarle que había pasado en Italia poco podía hacer, tan solo apoyar a su amiga e intentar animarla. Sabía que aunque Sara se esforzara por parecer feliz y contenta pero la notaba ausente y triste.

Sara acomodó los cojines y la almohada para estar cómoda y poder dormir a gusto. Hacía días que una pesadilla la rondaba y todas las noches se despertaba confundida y llorando. Esa noche había decidido tomarse una infusión para poder descansar. Tenía la intención de quedar profundamente dormida y esperaba con todas sus fuerzas no tener la misma pesadilla. La infusión comenzaba a hacer efecto por lo que apagó la luz y se arropó.

Abrió los ojos lentamente, los sentía pesados y le dolía la cabeza, tenía la visión algo borrosa por lo que parpadeo varias veces. Se encontraba en su habitación pero algo no estaba bien. Llamo a su padre pero este no apareció. “Qué raro normalmente cuando le llamo suele venir como alma que lleva el diablo… tendré que levantarme a mirar a ver si está bien”.

De un salto salió de la cama y camino hacia la puerta pero de repente se detuvo. Hacía más frío de lo  normal. Se acercó al armario para coger una bata y en ese mismo instante entro Patrizzio. Se volvió para decirle a ver que hacia ahí pero este sin darle tiempo a nada la besó. Ella sorprendida intentó apartarse pero no había manera, la tenía bien sujeta y no podía separarse. Al fin la soltó y esta mediante un empujón lo lanzó lejos de ella.

-          Pero, ¿qué diablos te pasa? ¿estás loco? ¿a qué narices ha venido eso?  ¿cómo has entrado en mi casa?
-          Nada de eso importa Sara. Por fin podemos estar juntos…
-          Pero, ¿Qué dices? Si me has estado ignorando todas estas semanas
-          ¿Yo? Que bah si has sido tú. Anda ven aquí que estas deseando estar conmigo.
-          ¿Cómo te atreves? ¡Estoy saliendo con tu hermano!

En ese instante entró Manuel por la puerta. Ambos se volvieron asombrados. Manuel miró primero a Patrizzio y después a Sara, sin decir palabra agarro a su hermano y lo saco fuera de la habitación. Sara estaba paralizada y sin saber qué hacer. Escuchaba gritos y alguna que otra palabra incomprensible. No entendía que estaba pasando pero se sentía superada. Sin darse cuenta se había sentado en el suelo y tenía la mirada perdida en el horizonte. No se dio cuenta que Manuel había entrado y se había sentado a su lado.

-          Sara… - le rozo el brazo pero no reaccionó por lo que probó de nuevo-  Sara, ¿estás bien?

Lo miro aun con la mirada perdida y asintió despacio. Cuando centro la mirada en aquellos ojos que la miraban no pudo reprimir un llanto y se tapó la cara con las manos.

-          Vamos Sara, metete de nuevo en la cama y procura dormir

Dijo al mismo tiempo que la ayudaba a levantarse. Sara en una especie de estado de trance se metió en la cama aun llorando y no pudo evitar echar un vistazo hacia la puerta. Se encontró con la mirada dolida de Manuel y tras verificar desde la lejanía que se encontraba bien, éste cerró la puerta dejando a Sara sola de nuevo con sus pensamientos y sus sentimientos aún más confundidos. Cerró los ojos de nuevo y cayó en un profundo sueño.

Cuando volvió a abrir los ojos se sentía exhausta y soñolienta. Tras incorporarse de repente recordó lo que había sucedido anoche. No veía su bata por ninguna parte y tampoco nada diferente. Se levantó y tras prepararse bajó a la cocina y allí se encontró con su padre. Le pregunto a qué hora había venido anoche y este le dijo que de madrugada y que se había cruzado con el coche de Manuel de camino a casa.

“¿Es posible que lo que paso anoche no fuera un sueño?” Pronto lo descubriría.

miércoles, 29 de enero de 2014

El lago de las lamentaciones

Hacía tiempo que las cosas no iban bien en su vida pero ella se empeñaba en seguir adelante. Seguir por el camino equivocado y tropezarse con piedras cada vez más abundantes en el camino. En un principio las piedras con las que tropezaba eran grandes pero distantes. Ahora eran más pequeñas, afiladas y cada vez más constantes. Caída tras caída se sentía magullada y dolorida pero se empeñaba en andar hacia adelante aun a sabiendas que en esa dirección no llegaría a ninguna parte. Tras el último traspiés se queda más tiempo de lo debido en el suelo. Esperando que el dolor se pase para poder seguir caminando.

Los días pasan y tras varias noches algo frías no consigue levantarse. Ha reflexionado bajo las estrellas acompañada por una luna algo distante y ausente. Quiere volver. Quiere dar la vuelta y buscar el lugar en el que se equivocó. Primero debe curarse las heridas y descansar para que su cuerpo se recupere de los moratones y arañazos.

No tiene con que curarse y tampoco a quien pedirle ayuda. Tiene que buscar un lugar seguro para pasar los días que tarde en reponerse. Tiene la esperanza de que las viejas heridas, casi cicatrizadas, reabiertas no se infecten. Consigue incorporarse y mirar a su alrededor para buscar un lugar seguro, pero no ve nada. De repente el día se ha vuelto la noche. El suelo firme en barro y las piedras en charcos. Intenta levantarse a ciegas pero no lo consigue. Cada vez que se mueve el barro la atrapa un poco más, la lleva hacia lo hondo. La desesperación se adueña de su cuerpo y el pánico nubla la razón. Intenta sacar las piernas del fango pero no es posible está atrapada en una especie de arenas movedizas. Atrapada y sin poder salir intenta liberarse sin darse cuenta de que cada vez está más hundida y con el agua al cuello.

Agua. En su estado de pánico  no se ha dado cuenta que el barro se ha transformado en agua. Puede liberarse. No. Algo la agarra del tobillo intentando llevarla al fondo. Intenta deshacerse de esa cosa nadando, pateando. Las heridas le escuecen y las magulladuras duelen demasiado por lo que se rinde y deja que la lleve al fondo.


Tras unos momentos de terror al no poder respirar y tras ver su vida pasar deja de luchar. Se rinde. Cuando está a punto de perder el conocimiento un rayo de luz la rodea y la saca de lo más profundo del lago. Del lago de las lamentaciones. 

martes, 21 de enero de 2014

Oscuridad o luz

Últimamente me siento un poco pérdida y molesta con lo que sucede a  mi alrededor. No llego a comprender porque las cosas cambian tan deprisa ni cuál es el factor que hace que todo ocurra tan bruscamente. Muchas veces tengo la sensación de estar en el ojo del huracán y veo pasar los acontecimientos, las personas, las cosas alrededor de mí si ningún orden aparente.

La gente avanza y yo me quedo atrás. Corro para alcanzarles pero mis piernas no corren lo suficiente. Cuando estoy a punto de alcanzarles me canso y debo descansar para no desfallecer y les pierdo la pista.

Bajo por un precipicio con cuidado, buscando salientes seguros para seguir  descendiendo. Voy con cuidado pues las alturas me provocan pavor y siento que mi cuerpo se siente atraído hacia el suelo, hacia el fondo. No me puedo permitir caer. Elijo un camino que parece seguro y hay bastantes salientes por los que seguir, hasta que llego más o menos a la mitad y veo que he elegido el camino equivocado. Los salientes se terminan y a mi derecha veo el camino correcto, lleno de relieves con forma de escalera que no supone peligro alguno bajar por ellos.

Voy caminando por la calle y me encuentro a mis amigas, charlamos y nos lo pasamos bien pero llegado un momento me tengo que ir a hacer algo y les prometo que volveré. Me marcho y al volver no hay nadie. La gente ha desaparecido y estoy sola en medio de la calle.

Son sueños pero inquietantes. Ese tipo de sueños me alertan de que algo no va bien en mi vida. Me vuelvo a sentir atrapada y sin rumbo. Perdida en mi propia vida. He dejado de tener las riendas de mi futuro y me dejo llevar, pero ¿por qué o por quién? Ese es un misterio. Mis piernas caminan sin rumbo fijo y muchas veces dando vueltas. Dando vueltas a lo mismo, una y otra vez, sin parar hasta que me mareo y me detengo. Estoy tan mareada y desorientada que no sé porque camino seguir. Avanzo con cuidado haciendo eses o zetas no estoy muy segura. El miedo y la inseguridad me atrapan y me llevan a otra dimensión más oscura.


Esta dimensión todo es lo que no es y lo que parece que no es lo es. Confuso ¿verdad? Mitad oscuridad y mitad luz. En la oscuridad no consigo ver nada puesto que no hay una mísera luz y en el lado de la luz no consigo ver nada puesto que esta me deslumbra. Camino en borde de ambas realidades mirando al suelo. No tengo ni una linterna ni gafas de sol. ¿Dónde las puedo conseguir? Sigo avanzando despacio. Algo me tira hacia la luz. Intento taparme los ojos a modo de visera para ver qué o quién es. No consigo ver nada. No estoy muy segura de si debo dejarme llevar por ese ser que me tira hacia la luz cegadora. No. Mejor me quedo donde estoy. Sigo avanzando con más atención hasta que noto que otro ser me tira de nuevo, pero esta vez hacia la oscuridad. Tengo miedo a la oscuridad por lo que me resisto con todo mi ser y comienzo a correr hacia delante. Corro con todas mis fuerzas hasta que me doy cuenta de que el camino de ambos lados se vuelve cada vez más difuso y llegado a un punto no tengo más remedio que elegir. ¿Qué lado he de elegir, la oscuridad más terrorífica que he visto nunca o la luz deslumbrante la cual me podría dejar ciega?

miércoles, 15 de enero de 2014

La misma historia de siempre


Se sentía exhausta, los acontecimientos de los últimos días habían hecho que se sintiera física y emocionalmente cansada. Agotada. La cabeza le daba vueltas y su estómago se negaba a digerir alimento alguno. La historia se volvía a repetir y no se sentía con fuerzas para afrontarla de nuevo. Intentaba distraerse para no pensar demasiado en ello pero en la soledad de su habitación las lágrimas corrían pos sus mejillas sin poder controlarlo. Intentaba hablar con gente para no sentirse tan sola y así conseguir animarse un poco. Entre lágrima y lágrima aparecía un amago de sonrisa ante los intentos de sus amigos de animarla pero no era suficiente.

Incertidumbre, esperanza, desesperanza, pensamientos positivos y negativos, dolor, ilusión, fuerza y debilidad, frustración,… sus emociones eran una montaña rusa. En su interior la oscuridad luchaba contra la luz y los recuerdos con los nuevos proyectos. Su mente le decía que olvidara y su corazón que esperara. Su sonrisa daba esperanza y las lágrimas la borraban. La única solución para todo ello era dormir. Durmiendo no sentiría nada pero aun en sueños lloraba.

Lloraba por ella misma, el dolor era soportable pero la principal razón de sus lágrimas era su propia persona. La gente que la conocía decía que era una persona maravillosa, buena y una gran persona pero eso no la reconfortaba. Ella sentía que siempre daba lo mejor de ella a la gente y se esforzaba al máximo en las relaciones, ya fuera de amistad o de pareja, y no se sentía correspondida. Se sentía vulnerable y un peón en su propio cuento.

La lectura era su único consuelo, la abstraía de su desdicha y la sumergía en un mundo ideal. Un mundo en el que todo es posible y las historias acaban siempre bien y siempre había esperanza. Donde la verdad prevalecía y los malos acababan siendo castigados. Donde el amor vencía todos los obstáculos.  

lunes, 6 de enero de 2014

Es nuestro momento

Me da rabia pensar que a mis 21 años me estoy comportando como una persona de 30. He dejado de disfrutar de lo que de verdad me gusta, he dejado que se apague mi espíritu juvenil y me he vuelto una persona demasiado responsable en todos los ámbitos. No digo que ahora tenga que desmelenarme y no ser responsable sino que estaría bien hacer más locuras, divertirme de verdad, dejarme llevar más por mis impulsos. Creo que me he vuelto una persona aburrida y eso no puedo permitirlo. Me he dejado llevar demasiado tiempo por una actitud “abuelil” que me rodea de hace algún tiempo. Si es que me he dado cuenta que mi madre tiene más espíritu festivo que mis amistades.

Creo que es ahora el momento en el que los jóvenes tenemos que vivir la vida, salir por ahí, divertirnos, salir de fiesta, hacer locuras, experimentar, reírnos de la vida y disfrutar de lo que nos ofrece este mundo. Ya habrá tiempo de asentar la cabeza y volvernos en cierto modo "aburridos", anclados en la rutina de la vida.


A lo mejor es que a mí me gusta demasiado la fiesta pero echo de menos salir con mis amigas como lo hacíamos un par de años, ir al puerto a litrar porque no había dinero para ir de copas. Aunque en invierno pasáramos un poco de frio, recuerdo esos momentos como divertidos, hablábamos de todo un poco, nos reíamos, jugábamos a juegos,… no sé, a mí me gustaba el ambiente que teníamos. Después íbamos por lo viejo un rato a los bares y acabamos en la discoteca dándolo todo. Echo de menos volver medio muerta de sueño a casa a las 8 de la mañana y ver amanecer.

Sí la verdad es que eran buenos tiempos. Estaría bien repetirlo de vez en cuando, tampoco me gustaría volverlo en rutina pero una vez al mes sí que me gustaría hacerlo. Darlo todo en las tarimas y reírnos a más no poder. Levantarnos al día siguiente con agujetas de todo lo que bailamos y recordar  las formas de cómo nos librábamos de los moscones…

Los que estáis leyendo esto y, sobre todo, amigas mías es nuestro momento de disfrutar de verdad de todas esas cosas y más. Debemos hacer locuras y vivir aventuras para después tener buenos momentos que recordar cuando seamos más mayores. Tenemos la obligación de divertirnos y dejarnos llevar por el ambiente festivo. Experimentar cosas nuevas y ver a donde nos llevan nuestros locos impulsos. 

https://www.youtube.com/watch?v=383F4SefKS4

viernes, 3 de enero de 2014

quien era y en quien me convertido

Meditando sobre las fuentes de mis inseguridades y de esta inestabilidad emocional que me rodea desde hace unos cuantos años he encontrado el punto de inflexión que me hizo cambiar, que me hizo ser la persona insegura, con poca autoestima que soy ahora. Los que me conocen de hace tiempo quizás se hayan dado cuenta de mi cambio, aunque a estas alturas dudo mucho que se acuerden de la Maialen de hace unos 3 años más o menos.

Esa Maialen era una chica fuerte, segura y feliz. Aunque de pequeña fui tímida, sensible y frágil me hice más dura con el tiempo, aprendí a valorarme y a ser espontánea y natural. Recuerdo aquellos años como de los mejores, aunque las cosas no iban tan bien como me habría gustado era feliz a pesar de todo y el muro que había construido a mi alrededor me protegía de aquello que no tenía importancia. Todo iba bien hasta que cierta persona se cruzó en mi camino y hecho por tierra todos esos años de trabajo construyendo esa gran muralla.

Llego como un terremoto en un principio haciendo temblar los cimientos, después como una gran tormenta torrencial fue entrando por las ranuras y grietas que había dejado ese terremoto. Después llego una pequeña glaciación, el agua de las grietas dilató y el muro se vino abajo. Fue algo parecido la caja de pandora. Ese muro albergaba en su interior muchos sentimientos reprimidos y me dejo vulnerable ante los nuevos ataques. 

Desde entonces no he sido la misma. Aunque he intentado construir un nuevo muro nunca ha sido tan sólido y grueso como aquel, como el gran muro. Los posteriores han sido murallas construidas encima del barro y como todos sabemos eso no dura ni un telediario.

La verdad es que odio en la persona en la que me he convertido. Odio ser tan sensible, tan “dañable”. Me he vuelto miedosa, insegura, frágil emocionalmente, desconfiada, mal pensada, dependiente,… la sonrisa que tenía entonces no ha vuelto a mi rostro. Aunque intento ser positiva y secar el terreno para construir poco a poco unos nuevos cimientos más sólidos y seguros no soy capaz. Me siento cansada y sin energías. Me he rendido. Es triste pero es así. Algo que nunca debí hacer y hace bastante tiempo que me rendí.

No he dejado de construir frágiles muros a mí alrededor, son muros de adobe pues ¿para que molestarme en poner un buen muro de piedra si en el próximo vendaval me lo va a derrumbar? Hay momentos en los que me siento positiva y creo que me voy a comer el mundo pero una pequeña alarma se enciende en mi cerebro y me comunica que un guerrero no debe ir sin armadura ni escudo al campo de batalla.

Sé que debo encontrar dentro de mi esa fuerza y vitalidad para secar el terreno y construir un nuevo muro pero esta vez de hormigón. Pero de momento me tendré que conformar con que sea un muro de yeso.